Cada vez son más frecuentes los “deportes extremos”, actividades que si bien no siempre ponen en peligro la vida de sus protagonistas, basan su atractivo en las dosis de adrenalina que generan. ¿Por qué para algunos arriesgarse es una necesidad durante la juventud?
Es un hecho ineludible que quienes practican estas actividades necesitan cada vez de mayores dosis de riesgo, velocidad y temeridad: las grandes hazañas de ayer, hoy sólo generan bostezos. Si algo se ha hecho demasiadas veces y muchas personas lo han logrado, deja de ser extremo. Por lo tanto, es muy difícil que un asiduo a estos peligros se convierta en un profesional de la misma disciplina: cuando ha logrado superarse, alguien inventa algo más osado.
Por ejemplo, ¿qué hubieran sentido los pioneros del sky diving -una modalidad de paracaidismo en caída libre- si hubiesen imaginado que George Bush, el septuagenario ex presidente de los Estados Unidos, terminaría intentándolo? No se habrían considerado los más audaces, título que, en efecto, ya perdieron porque su pasatiempo fue superado por el sky surfing, que consiste en lanzarse sobre una tabla en una caída libre a 160 kilómetros por hora mientras su compañero salta tras él con una cámara y se esfuerza por grabar sus acrobacias.
Según el doctor Zdzislaw Jan Ryn, psiquiatra de la Universidad Jagiellonski, Cracovia, con quien tuvimos oportunidad de conversar cuando visitó nuestro país, a los jóvenes les gusta realizar aventuras o exponerse a situaciones arriesgadas debido a muchas razones, tanto externas como internas. Muchas de estas razones son positivas y el desafío para el mundo adulto está en canalizarla hacia acciones positivas. "Las razones externas son el interés por conocer y descubrir el mundo que nos rodea —explica el doctor Ryn-; las internas, aquella parte heroica que existe en la personalidad de cada uno de nosotros, y que durante el periodo de la juventud se expresa de manera más abierta e intensa, probablemente por la debilidad de un adecuado control intelectual y por la tendencia a imponerse al ambiente".
Muchos padres creen que sus hijos se exponen a estas situaciones de riesgo porque lo tienen todo y quieren, por momentos, sufrir una emoción fuerte que los remezca y les haga retomar con pasión su acomodada vida. Pero el doctor Ryn no está de acuerdo con esta idea, y explica que "buscar emociones fuertes no se vincula con una supuesta falta de traumas y/o de experiencias trágicas, como por ejemplo una guerra o las catástrofes naturales. De hecho, lo que sí se asociaría con ello son los comportamientos agresivos, a veces asociales". Este fenómeno más bien es universal y de todos los tiempos -indica el doctor Ryn- porque el ser humano, más en la juventud, busca conocer y dar sentido a la existencia a través de diversas experiencias. Lamentablemente, a veces busca mal o busca donde nadie encuentra.
Es un hecho ineludible que quienes practican estas actividades necesitan cada vez de mayores dosis de riesgo, velocidad y temeridad: las grandes hazañas de ayer, hoy sólo generan bostezos. Si algo se ha hecho demasiadas veces y muchas personas lo han logrado, deja de ser extremo. Por lo tanto, es muy difícil que un asiduo a estos peligros se convierta en un profesional de la misma disciplina: cuando ha logrado superarse, alguien inventa algo más osado.
Por ejemplo, ¿qué hubieran sentido los pioneros del sky diving -una modalidad de paracaidismo en caída libre- si hubiesen imaginado que George Bush, el septuagenario ex presidente de los Estados Unidos, terminaría intentándolo? No se habrían considerado los más audaces, título que, en efecto, ya perdieron porque su pasatiempo fue superado por el sky surfing, que consiste en lanzarse sobre una tabla en una caída libre a 160 kilómetros por hora mientras su compañero salta tras él con una cámara y se esfuerza por grabar sus acrobacias.
Según el doctor Zdzislaw Jan Ryn, psiquiatra de la Universidad Jagiellonski, Cracovia, con quien tuvimos oportunidad de conversar cuando visitó nuestro país, a los jóvenes les gusta realizar aventuras o exponerse a situaciones arriesgadas debido a muchas razones, tanto externas como internas. Muchas de estas razones son positivas y el desafío para el mundo adulto está en canalizarla hacia acciones positivas. "Las razones externas son el interés por conocer y descubrir el mundo que nos rodea —explica el doctor Ryn-; las internas, aquella parte heroica que existe en la personalidad de cada uno de nosotros, y que durante el periodo de la juventud se expresa de manera más abierta e intensa, probablemente por la debilidad de un adecuado control intelectual y por la tendencia a imponerse al ambiente".
Muchos padres creen que sus hijos se exponen a estas situaciones de riesgo porque lo tienen todo y quieren, por momentos, sufrir una emoción fuerte que los remezca y les haga retomar con pasión su acomodada vida. Pero el doctor Ryn no está de acuerdo con esta idea, y explica que "buscar emociones fuertes no se vincula con una supuesta falta de traumas y/o de experiencias trágicas, como por ejemplo una guerra o las catástrofes naturales. De hecho, lo que sí se asociaría con ello son los comportamientos agresivos, a veces asociales". Este fenómeno más bien es universal y de todos los tiempos -indica el doctor Ryn- porque el ser humano, más en la juventud, busca conocer y dar sentido a la existencia a través de diversas experiencias. Lamentablemente, a veces busca mal o busca donde nadie encuentra.
Para ver documental sobre deportes extremos clic aqui.
Para ver documental sobre adiccion a la adrenalina clic aqui.
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